Escuchar más, hablar menos

Muchas veces cuando queremos aprender a evangelizar lo primero que viene a nuestra mente es buscar estrategias, técnicas, recursos o modelos de cómo evangelizar. Qué decir, cómo decirlo, en qué orden presentar las ideas, qué versículos memorizar, cómo explicar un folleto, cómo prepararse de antemano para responder objeciones, etcétera.

Todas estas cosas son buenas. Han sido útiles por mucho tiempo. Dios usa todos los recursos, incluyendo personas falibles y débiles, como nosotros. Pero tal vez haya otro camino: Escuchar más y hablar menos.

Es curioso que generalmente la evangelización, o el evangelismo, se piensa más como entrega de información. Se visualiza al cristiano recolectando, organizando y luego compartiendo toda la información del evangelio, prácticamente sin escuchar a su “interlocutor”. En cierta medida, podría pensarse que el cristiano es el que tiene un mensaje relevante que comunicar; mientras que la persona que se quiere evangelizar debe escuchar, creer y aceptar el mensaje. En realidad, es más complejo que esto.

Una herramienta simple

Randy Newman, en su libro Evangelice como Jesús, propone rescatar una vieja y olvidada herramienta para compartir el evangelio: las preguntas. Algo tan sencillo y tan antiguo, y tan utilizado por Jesús. Parecería no tener mucho sentido promover que el evangelista haga preguntas; estamos acostumbrados a que proporcione información.

Randy sugiere el uso de preguntas para definir el evangelismo más como una conversación que como un discurso. En primer lugar, las preguntas sirven para conocer a nuestro interlocutor. No es válido lanzar información como si estuviéramos hablando con un concepto abstracto, o un simple micrófono; se trata de una persona, con una historia y experiencias específicas. Es necesario interesarnos en cada persona, y conocer su situación; así sabremos qué aspecto del evangelio podemos introducir primero en la conversación.

En segundo lugar, resulta ser más sabio, en general, contestar a una pregunta con otra pregunta, en lugar de contestar con una respuesta simple. Cuando nos hacen una pregunta, es bueno responder con una interrogante para preparar el terreno y saber cuál es la verdadera pregunta. A veces es una pregunta tramposa, o un ataque. A veces es una pregunta que encubre una inquietud sincera, pero que está profundamente oculta.

Entablar diálogo con las personas suele ser más fructífero que hacerles escuchar un monólogo. No debemos ver a las personas como “clientes” del evangelio, que finalmente queremos que “adquieran” un producto sin igual. Se trata de personas que Dios ama y conoce por nombre, y que atraviesan diferentes procesos de vida. El autor Randy Newman nos invita a ser sensibles, tal como Jesús lo fue, y llegar al corazón de las personas.

Evangelice como Jesús