Cristianos y fronteras

Cristianos y fronteras

Del 5 al 9 de julio de 2013 se llevó a cabo Borderlands, un proyecto de servicio organizado por los movimientos de estudiantes de IFES, COMPA (México) e Intervarsity (EUA) con el propósito de aprender juntos sobre el tema de migración. El evento tuvo dos etapas, en Tijuana y en San Diego-Los Ángeles, una región que comparte una misma problemática, la migración ilegal de mexicanos a Estados Unidos y la deportación de los mismos de aquel país.

En esta ocasión tuvimos la oportunidad de que Daniel Carroll nos acompañara, él nos ayudó a pensar teológicamente el tema a la luz de las Escrituras. Daniel, el profesor Daniel, mejor dicho, compartió de momentos algunos pasajes del Antiguo Testamento para observar la vida de hombres y mujeres importantes en la narrativa bíblica y que fueron inmigrantes como por ejemplo: Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, Daniel, Sadrac, Mesac, Abednego, Ruth, Esther, Jeremías, Nehemías y Jesús, por mencionar algunos. Para mi sorpresa la escritura estaba llena de inmigrantes.

El hilo conductor de las charlas de Daniel es precisamente su libro Cristianos en la frontera. La inmigración, la iglesia y la Biblia, del cual me gustaría hacer algunos comentarios. Daniel encarna la encrucijada del latino en EUA, de madre guatemalteca y padre estadounidense, aborda la cuestión desde su propia experiencia de vida, permitiéndose hablar desde la perspectiva “del sur” y del norte. Al respecto comenta:

“Me siento cómodo tanto con el inglés como con el español, ya sea hablado, leyendo o escribiendo, mi corazón palpita fácilmente entre ambos mundos.”

Aun cuando conoce la lógica de las dos perspectivas e incluso, como él mismo lo expresa, aunque su libro no parte de un lugar “neutro” (claramente se ubica a su discurso en una agenda promigrante), él se decide por una perspectiva distinta, la de las Escrituras. De tal forma que su libro nos ofrece un panorama general sobre cómo aborda la Biblia el tema de la migración, con la intención de generar nuevas ideas desde las Escrituras en las comunidades evangélicas estadounidenses que se encuentran frente a este debate en los Estados Unidos.

El capítulo primero es una perspectiva general de la inmigración hispana a los Estados Unidos, un breve recuento histórico, no una monografía académica de difícil lectura y tampoco agota al lector con muchas estadísticas, que se pueden consultar revisando las direcciones electrónicas en la sección final del texto. Este primer apartado se enfoca por sacar a la luz una “dimensión ignorada” en el fenómeno de inmigración, menciona las aportaciones de los hispanos a la cultura estadounidense.

Desde mi punto de vista el aporte más significativo del libro son los capítulos tercero, cuarto y quinto. En el capítulo segundo “De inmigrantes, refugiados y exiliados”, Daniel sienta las bases a partir de las cuales abra de verse o debería de verse a todas las personas inmigrantes, esto es: como creación de Dios. Es decir, con valor y dignidad inherente por su calidad de seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios. Con esto parece que el autor nos está sugiriendo un violento giro en nuestras perspectivas, dejar de ver a las personas por su situación legal, sino por su condición de creaturas a la imagen de Dios. Después de esto, nos lleva de la mano a un recorrido por las experiencias del pueblo de Dios donde el hilo de la inmigración es una constante, con lo que se puede concluir de que

“El texto (La Biblia) ofrece un rostro humano a los migrantes. Ellos son probados y discriminados; quieren tener una casa y asegurar su familias; adorar a Dios: trabajar en diversos empleos; unos por propia opción, otros porque son dotados en maneras especiales, quiere erigirse en autoridad, anhelan volver a su tierra mientras otros deciden quedarse en su nuevo país; luchan para encajar en la cultura diferente que los rodea, con cuestiones de lenguaje, costumbres, fe, policía, economía y leyes. Son también individuos intimidados. Pecan, son imperfectos en todos sus caminos. En otras palabras, la Biblia ofrece al lector escenas muy reales, situaciones y caracteres extraordinariamente verdaderos. Esos inmigrantes y refugiados son más que todo personas, personas atrapadas por las pruebas y las alegrías de la vida. Esa es la vida diaria, pero el texto enseña que esas vidas son puestas contra una muralla mucho más grande. Esa gente es parte del plan de Dios en el despliegue de la historia humana.”

En el tercer capítulo aborda el aspecto jurídico de la Ley sobre el migrante, muestra el cuidado que Dios tiene por los extranjeros entre el pueblo de Israel. Daniel comenta atinadamente que en una sociedad agrícola, basada en el trabajo de la tierra y donde ésta pasaba de generación en generación, el extranjero quedaba fuera de toda posibilidad de acceder al sustento y lo dejaba a la misericordia de la cultura mayoritaria. Por lo tanto, al no gozar de una red de familia extensa que lo apoye, el extranjero era una minoría vulnerable que debía ser cuidada y no explotada. Por lo tanto el capítulo inicia abordando la práctica de la hospitalidad entre los pueblos del Medio Oriente, y el pueblo de Dios debía tener una motivación distinta para practicarla, “Ser hospitalario es imitar a Dios”. Después, Daniel aborda la legislación judía sobre el extranjero y encuentra que la Biblia habla de un Dios que se encarga de proteger al extranjero “legalmente” para que tenga la capacidad de suplir sus necesidades más básicas. Esta actitud de hospitalidad debía provenir de un pueblo con historia de inmigrante mal tratado en Egipto, e incluso, aún en posesión de la tierra de Canaán, como extranjeros en la tierra de Dios que les entregaba a los israelitas. Este capítulo tiene la intención de hacer pensar a los cristianos de la cultura mayoritaria a ver el cuidado de Dios por los extranjeros y cuestionarse su modo de operar actual a la luz de las Escrituras.

El capítulo cuatro aborda el tema desde el Nuevo Testamento, en Jesús y el uso que hace del extranjero (samaritano) en sus parábolas como modelo de relación genuina con Dios, rechazando a la cultura mayoritaria. Después hace una referencia a la primera carta de Pedro, dirigida a los expatriados, probablemente en dos sentidos, expatriados a causa de su fe y a causa de vivir, por su estilo de vida apegada a la obediencia de Dios, como extranjeros en un mundo diferente. Antes de terminar el capítulo, se detiene para hacer un llamado a la hospitalidad siguiendo el modelo de la iglesia primitiva que abría sus puertas para recibirse unos a otros y compartir el pan. Finaliza su apartado haciendo un estudio de Romanos 13, donde se hace un llamado a respetar a las leyes humanas. Daniel tiene la postura al respecto que las leyes reflejan la cultura y la cultura forja las leyes, de tal manera que antes de obedecer las leyes hay que reflexionar si éstas son justas y si se apegan a los valores del Reino. Advierte los peligros de una obediencia ciega de leyes injustas. Él comentaba durante Borderlands, con el sentido del humor que le caracteriza: “Los gringos creen que por tener leyes sus leyes son buenas”.

Daniel termina su libro moviéndonos de nuestro sitio, no pretende dar una nueva perspectiva de la inmigración como cristianos, sino que nos expone las Escrituras para que a partir de ellas respondamos nosotros ahora en franca coherencia con lo que creemos:

“Cristianos en la frontera esgrime todos estos argumentos para motivar a los creyentes de esta cultura –y a los hispanos- a pensar, hablar y actuar como cristianos en cuanto a la inmigración”.

Recuerdo, no es un libro ingenuo, sino enmarcado en una agenda política específica que tiene como objetivo transformar un sistema político y una cultura con la enseñanza de nuestro Señor Jesús. Definitivamente deben leer este libro.

Cristianos en la frontera

Publicado originalmente como “Cristianos y las fronteras
en “Sobre el escritorio” por Abdiel Espinoza.
Publicado con permiso del autor.